Cuatro principios fundamentales, grabados a fuego desde la mas tierna infancia, sostuvieron mi formación de señorita: Siéntese con las piernas juntas, camine derecha, no opine y coma como la gente. Todos los esfuerzos de mi madre, sin embargo, no fueron suficientes para hacer de mi una dama: simplemente carecía de materia prima. Mi familia no se ha repuesto de la decepción. A los 16 años, cuando descubrí que abrir las piernas era mucho mas interesante que cerrarlas, me dedique a violar uno de los mas severos preceptos de mi educación y ahora, comprendo q el único q realmente me ha servido es caminar derecha. Y no lo digo en un sentido metafórico; para una mujer de [casi] metro cincuenta de altura, una postura erguida y la cabeza en alto es parte de la estrategia de sobrevivencia. Si ando agachada, me pisan. En cuanto a comer como la gente, pronto me di cuenta que eso depende de las circunstancias.